Mariko Mori: artista cósmica

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Mariko Mori

Frontera. Agitación. Alarma cósmica. Tensión azul a 8 Hz. Ondas a la deriva. Un mundo conectado. Meditación. Un aura fría en la alta estrella roja. Colisión. Olor a incienso. Caleidoscópica dispersión. El rostro de la metrópolis. Anónimo sueño plurilingüe. Eterno retorno. El fragmento. Iluminar los escombros. Instante. Peligro. Escaleras infinitas. La burla en una escalera mecánica. El injerto.Los límites de mundo bajo una cabeza de Buda. La derrota de la no-destrucción. Volver a alzar el pararrayos subido en una cometa perdida en el espacio. Una estructura descentrada. Un punto lejano. Una intersección corriendo verticalmente. El cenit. Sintetizar. Nirvana. La simbiosis. Oposición. La antítesis del juego y la realidad. La gravedad. ¡No!. La realidad. Reenvío interminable de señales lumínicas. Inestable. Encrucijada. El lenguaje. Aprehendiendo. Pre-lenguaje. Transgredir las categorías trascendentales de la conciencia. Calor. La letra. Ser. Dibujar el borde del agujero. Transposición. Condensación. Desplazamiento. La huella inscrita en un sujeto perdido. El cambio.

Mariko Mori, aquella que fue máxima representante del pop en el Tokio de la década de los 90, se ha convertido en una de las más destacadas representantes de la vida artística japonesa. Su creación ha evolucionado hacía la creación de instalaciones, objetos, performance, fotografía y videos que ocupan un lugar en los grandes museos de arte contemporáneo del mundo.

Su trabajo está considerado  una simbiosis de la tradición oriental y la más rabiosa innovación. El uso de la tecnología y su fidelidad a la naturaleza y sus raíces ha hecho que sea catalogada  de formas muy diferentes: arte kirch, multidisciplinar, esotérica, cósmica… En cualquier caso su en obra se encuentra un clara orientación hacia  el mundo del manga, lo metafísico y lo sobrenatural.
Mori se ha convertido en una feroz crítica de la actual sociedad globalizada. Ataca de forma recurrente la sociedad consumista y la falta de valores y profundidad de pensamiento y creación. Recurre a la cultura tibetana y a la meditación como fuente de creación. Ha sido atacada por los más retrógrados del país con todo tipo de críticas.

Uno de sus trabajos “Wave UFO”, retomaba la estética retrofuturista espacial a través de una escultura de gran formato realizada en fibra de vidrio, con la forma de cápsula espacial. Con esta propuesta Mori invita una vez más al espectador, tal como lo ha hecho en sus trabajos más  recientes, a conectarse por medio de imágenes generadas con la más alta tecnología con su propia mente y mundo interior.

“Wave UFO” fusiona gráficas computarizadas generadas en tiempo real, con tecnología de navegación cerebral y sonido, para crear una experiencia dinámica, interactiva, conectando tecnología y espiritualidad por medio de programas de computación especialmente diseñados y un equipo científico que monitorea e interpreta visualmente las ondas cerebrales de los participantes. Una serie de electrodos se conectan al espectador, los cuales leen sus ondas cerebrales. Esta información se transforma en imagen visual, en correspondencia en tiempo actual con la actividad del cerebro. Las formas que se proyectan en las paredes de la escultura van cambiando como respuesta a tres tipos de ondas cerebrales, mostrando, a través del color, cual es la dominante: 

Beta: (Rojo) Ondas que se encuentran en estados de conciencia de alerta normal. Aunque ellas también pudieran indicar agitación, tensión o alarma. (12 a 35 Hz)

Alpha: (Azul) Estas ondas acompañan estados de relajación, sueño despierto o meditación. (4 a 8 Hz)

Theta: (Amarillo) Dichas ondas se encuentran en estados cercanos a un estado de conciencia cercano a la deriva, o a estados de ensoñación. (0 a 1 Hz).

La segunda parte de la proyección, “Mundo conectado”, une la experiencia individual a la universal. Formas abstractas a full color lentamente se expanden y envuelven dentro de formas semejantes a células individuales y estructuras moleculares creando un mundo de ensueño que es primordial y etéreo.

Su obra nos ofrece una suerte de imaginario postmoderno donde se desdibujan las fronteras entre lo natural y lo artificial, lo real y lo virtual, lo humano y lo tecnológico. Tanto esos personajes retrofuturistas en los que ella se transforma en sus obras iniciales, la colegiala vestida de colores brillantes de Birth of a start, o la sonreída geisha que sorprende a los transeúntes en el distrito financiero de Tokio con una taza de té en Ceremony of tea, la prostituta chic hablando por celular en Red light; o sus personificaciones espirituales asiáticas, más relacionadas a la búsqueda de un alma colectiva que parece haberse extraviado en el Japón del mundo global, tal como lo plantea Win Wenders en su película Tokio-Ga; o sus video esculturas espaciales y tecnológicas, nos ofrecen en su evolución y diversidad, en su apariencia de mundo de látex, de estética de video del MTV de artistas pop de los 80’s, una inquietante y seductora reflexión sobre nuestra época, tan dada a inventar nuevas formas de evasión y perversión, tan agobiante en su eterna proliferación de imágenes sin trasfondo, sus mundos virtuales interconectados de la superautopista de la información, a través de la cual miles o quizá millones de personas, en una hermandad secreta se relacionan evadiendo el caos y la soledad.

Nos abre un nuevo umbral interconectando mente, cuerpo y alma al fusionar ciencia y tecnología con lo humano, dándole al espectador una manera distinta de relacionarse con su propio cuerpo y sus propias emociones.

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  1. Varín dice:

    Me parece BRUTAL la visión de esta artista, que creo única y revolucionaria.
    Muchas gracias por mostrarnos autores tan interesantes y geniales jeje

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